Donde arremete Gente Descomunal y Soberbia contra lo inane, lo vulgar, lo aburrido y lo feróstico

5/13/2008

A cada uno lo suyo


Dejemos a los muertos aentro de las tumbas y que las viudas los expriman lo que puedan.


Aqui les vamos presentando a un músico como la copa de un pino y que se viste por los pies. Un hombre hecho a sí mismo y un gitano de los pocos que escuchan blues.


Podemos verlo junto a su manager personal, otro hombre hecho a sí mismo y que reparte bonhomía, felicidad y reconciliaciones con el mundo allí por donde va, aunque los demás no sepamos recompensarle como se merece. Desprendido y generoso de más, algún día la vida lo pondrá donde se merece, esto es, en lo más alto.


El que siembra, recoge.


4/28/2008

Últimos días


Justo eso es lo que se ve en la película de Gus Van Sant (por cierto, tardó dos años en llegar a España). No se si alguno de mis con-bloggers (se dice así?) la vería en el cine; yo la ví en la absoluta soledad de mi atalaya sobre Granada y el populoso barrio de la Chana. Tan glamouroso como un ático sobre el Quartier Latin o la plaza Mayor. Créanme que las luces lejanas y la negrura de la vega eran un buen contrapunto a las terribles imágenes de ese ser absolutamente derrotado.


No esperen una peli-de-banda-de-rock tipo The Doors, de O. Stone o la última sobre Johnny Cash (perdón, no me acuerdo del título y estoy demasiado cansado para buscarlo). Aquí lo que se ve es justo eso, los últimos días de alguien, circunstancialmente una estrella del rock, pero que podía ser cualquiera de nosotros. Lo terrible de la película son:


-Esos espacios muertos, en los que tras el paso fantasmagórico del protagonista, se nos ofrecen planos larguísimos de vegetación movida por la brisa. Lo que te pierdes. Lo que queda.`


-La cotidianeidad deformada. Ese plato de pasta (para qué comer, cuando se es un muerto viviente), el intento inútil de comunicarse. La búsqueda de algo que hacer y que rompa una inercia inevitable.


-La sensación de devastación. No veía algo parecido desde el plano de Bob Gueldof construyendo un enorme puzzle de estúpidas pertenencias personales en The Wall.


Lo más terrible de la película es:


-La certeza de que el final es absolutamente ineludible. El protagonista no puede hacer otra cosa.


El momento más descorazonador:


-Kim Gordon, de Sonic Youth, hace el papel de una ejecutiva de la compañía que intenta sacar al protagonista de su encierro. En la conversación le dice:


"¿Has pedido ya perdón a tu hija por ser una estrella del rock?"


Me hizo llorar.



No sé si recomendarles la película. Puede ser extremadamente aburrida. Pero si la ven con el ánimo (in)adecuado, puede resultarles al menos conmovedora. Cuidado. Como ya he dicho en otra ocasión, puede ponerles ideas en la cabeza.

4/10/2008

otra vez cosas que hacen bum


He de revisar mi anterior comentario sobre "Cosas que hacen bum". No porque no me haya gustado (escribí lo anterior antes de completar la lectura), sino porque las 30 últimas páginas son tan absolutamente desasosegantes y demoledoras que me han dejado k.o. No me gusta que hayan puesto ideas en mi cabeza. Como dice Kiko Amat a través de Pànic


los ingleses tienen una expresión para eso: put ideas inside my head


Como:


A las 19.35 suena el móvil. Los 9 dígitos del número de su exmarido, que siempre disgustan.


-Oye, llego tarde a recoger a los niños, espero no fastidiarte.


-No, no, qué va.


-Vale.


Pero cuando llama la policía, el accidente ha ocurrido a las 19.15. Así que ya estaba muerto y piensa que ha sido otra de sus estupideces, de sus malditas formas de hacer siempre daño. La última.


O:


I got two homes. Both are apartments in the tenth storey of ten-storey buildings.

I sholdn´t live in ten-storey buildings. When it´s windy I feel like..........flying?

4/02/2008

Vuelta a la acción II


Dice nuestro ínclito presidente que no me dejo ver por el blog más que para publicitar mi pobrecilla vertiente musical. Tiene toda la razón. Vuelvo, así, a comprometerme con ustedes para dar mis modestas opiniones sobre diversos temas, no por mis méritos, a los que alude N.I.P., sino por mis deméritos, que me inducen siempre a alabar lo ajeno.




Como lo es la novela que estoy devorando estos últimos días, Cosas que hacen BUM, de Kiko Amat (Anagrama, 2007). Sé que no es un cable de último momento (la novela se publicó hace meses), pero es ahora cuando descubro a Pànic Orfila, un inadaptado social que en algunos momentos me recuerda, no sé por qué, a nuestro entrañable Ignatius J. Reilly. Supongo que por su desdén por lo moderno, en el sentido más amplio del término. Por su inútil lucha contra el exterior de su propio mundo. Por su onanismo extraño (Ignatius utiliza la imagen de su difunto perro Rex, Pànic usa misteriosas pirámides de papel). Tampoco me resulta poco familiar el dibujo de otros personajes de la historia. Seguro que si la leen encontrarán paralelismos que podamos comentar.




Me gusta cómo escribe Kiko Amat. Sobre todo porque la lectura es tremendamente ágil y porque tiene una facilidad increíble para el símil (aunque quizá abuse un poco; se lo perdono: comparaciones imaginativas cuando ya todo está escrito son muy de agradecer). La historia está plagada de referencias a la niñez y adolescencia de los que ahora llegamos a los últimos días del verano de nuestras vidas. El diseño de sus personajes tiene hallazgos notables, como Johnny Cactus y su forma de emplear las frases hechas. Y no es que sea un historia nueva. Historias urbanas, sobre juventud extrañada, sobre sociedades secretas inverosímiles que intentan luchar inútilmente contra el sistema hay muchas (así de repente...Fight Club, de Palahniuk, en cine 12 Monos...




Se lo recomiendo a todos si no lo han leído. A lo mejor creamos un club vorticista de vandalismo callejero. O simplemente echamos unas risas como hacíamos antaño, recordando lecturas o imágenes (playa de Salobreña: Y ahora qué, mis queridos drugos...)

3/26/2008

Vuelta a la acción


Esperamos ver gente descomunal. Y soberbia también. Saludos.

3/10/2008

SUBVENCIONES, MAESTROS Y PSICOPEDAGILIPOLLAS


Me sigue sorprendiendo que se sorprendan. O que hagan tanto paripé, cuando en realidad no les importa en absoluto. Ni a unos, ni a otros. Y eso que todo viene seguido, como las olas y las morcillas. La última –estudio internacional sobre alumnos de Primaria, o como se llame ahora– es que el número de alumnos españoles de diez años con falta de comprensión lectora se acerca al 30 por ciento. Dicho en parla normal: uno de cada tres críos no entiende un carajo de lo que lee. Y a los 18 años, dos de cada tres. Eso significa que, más o menos en la misma proporción, los zagales terminan sus estudios sin saber leer ni escribir correctamente. Las deliciosas criaturas, o sea. El báculo de nuestra vejez. Pero tranquilos. La Junta de Andalucía toma cartas en el asunto. Fiel a la tradicional política, tan española, de subvenciones, ayudas y compras de voto, y además le regalo a usted la Chochona, la manta Paduana y el paquete de cuchillas de afeitar para el caballero, a los maestros de allí que «se comprometan a la mejora de resultados» les van a dar siete mil euros uno encima de otro. Lo que demuestra que son ellos quienes tienen la culpa: ni la Logse, ni la falta de autoridad que esa ley les arrebató, ni la añeja estupidez analfabeta de tanto delincuente psicopedagógico y psicopedagocrático, inquilino habitual, gobierne quien gobierne, del ministerio de Educación. Los malos de la película son, como sospechábamos, los infames maestros. Así que, oigan. A motivarlos, para que espabilen. Que la pretendida mejora de resultados acabe en aprobados a mansalva para trincar como sea los euros prometidos –una tentación evidente–, no se especifica, aunque se supone. Lo importante es que las estadísticas del desastre escolar se desplacen hacia otras latitudes. Y los sindicatos, claro, apoyan la iniciativa. Consideren si no la van a apoyar: ya han conseguido que a sus liberados, que llevan años sin pisar un aula, les prometan los siete mil de forma automática, por la cara. Y más ahora que, de aquí a tres años, con los nuevos planes de la puta que nos parió, un profesor de instituto ya no tendrá que saber lengua, ni historia, ni matemáticas. Le bastará con saber cómo se enseñan lengua, historia y matemáticas. Y más si curra en España: el único país del mundo donde los profesores de griego o latín enseñan inglés. Así, felices de habernos conocido, seguimos galopando alegremente, toctoc, tocotoc, hacia la nada absoluta. Todavía hay tontos del ciruelo –y tontas del frutal que corresponda– sosteniendo imperturbables que leer en clase en voz alta no es pedagógico. Que ni siquiera leer lo es; ya que, según tales capullos, dedicar demasiado tiempo a la lectura antes de los 14 años hace que los chicos se aíslen del grupo y descuiden las actividades comunes y el buen rollito. Y eso de ir por libre en el cole es mentar la bicha; te convierte en pasto de psicólogos, psicoterapeutas y psicoterapeutos. Cada pequeño cabrón que prefiere leer en su rincón a interactuar adecuadamente en la actividad plástico-formativo-solidaria de su entorno circunflejo, por ejemplo, torpedea que el día de mañana tengamos ciudadanos aborregados, acríticos, ejemplarmente receptivos a la demagogia barata, que es lo que se busca. Mejor un bobo votando según le llenen el pesebre, que un resabiado culto que lo mismo se cisca en tus muertos y vete tú a saber. El otro día tomé un café con mi compadre Pepe Perona –«Café, tabaco y silencio, hoy prohibidos», gruñía–, que pese a ser catedrático de Lengua Española exige que lo llamen maestro de Gramática. Le hablé de cuando, en el cole, nos disponían alrededor del aula para leer en voz alta el Quijote y otros textos, pasando a los primeros puestos quienes mejor leían. «¿Primeros puestos? –respingó mi amigo–. Ahora, ni se te ocurra. Cualquier competencia escolar traumatiza. Es como dejar que los niños varones jueguen con pistolas y no con cocinitas o Nancys. Te convierte en xenófobo, machista, asesino en serie y cosas así». Luego me ilustró con algunas experiencias personales: una universitaria que lee siguiendo con el dedo las líneas del texto, otro que mueve los labios y la cabeza casi deletreando palabras… «El próximo curso –concluyó– voy a empezar mis clases universitarias con un dictado: Una tarde parda y fría de invierno. Punto. Los colegiales estudian. Punto. Monotonía de lluvia tras los cristales. Después, tras corregir las faltas de ortografía, mandaré escribir cien veces: Analfabeto se escribe sin hache; y luego, lectura en voz alta: En un lugar de la Mancha, etcétera». Lo miré, divertido. «¿Lo sabe tu rector?». Asintió el maestro de Gramática. «¿Y qué dice al respecto?». Sonreía mi amigo, malévolo y feliz, encantado con la idea; y pensé que así debió de sonreír Sansón entre los filisteos. «Dice que me van a crucificar.»


Arturo Perez Reverte

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3/06/2008

Aburrisión, perplejidad. Costello: Estupefaction


Inestimable la aportación en el PIB la de los inmigrantes, tanto como la no aportación de los parados del PER.


En virtud del anterior silogismo propongo la remisión inmediata de la población aldeana española inactiva al tolerante Magreb en misión de paz haciendo conocer las virtudes occidentales basadas en el arroz con magro los domingos, las cañas y la güi (y las pantallas planas hachederedi)

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